viernes, noviembre 24, 2006

 
Dos versiones de "Tour de France" de Kraftwerk: la de 1986 y la de 2003.




 

Joaquín, el volador


Este es el último vuelo de Joaquín Rodríguez, rumbo a la meta, durante la válida de cierre del Campeonato Distrital de Down-Hill realizada el domingo 19 de noviembre en el Parque Nacional de Bogotá. Al final, Joaquín obtuvo la medalla de bronce.

miércoles, noviembre 22, 2006

 

El golazo solitario

Minuto 89 de la final de la Copa Mustang. Por primera vez en la historia, llegan los dos equipos de Bogotá, acérrimos y eternos enemigos. Azules contra rojos en un encuentro que no admite empates. El estadio a reventar, las dos hinchadas cantan y saltan animando hasta morir en una gran fiesta, comprendida por los jugadores de ambos equipos quienes entregan hasta la última gota de sudor por complacerlos.
Minuto 89, el nueve de Millonarios recibe la pelota por el costado izquierdo, avanza acariciándola con su pie derecho y por ese mismo lado elude a un contrario. Parece que se le va larga pero, justo antes de que el defensor de Santa Fe la alcance, el hábil delantero azul la logra tocar con la punta de su botín y la envía por encima de la cabeza de su contendor, que inmóvil contempla ese sombrero.
Durante la caída de la redonda y con el tiempo corriendo como alma que lleva el diablo, hay un instante para pensar en genialidades: el jugador para el balón con el pecho, lo deja caer sobre su muslo derecho y allí lo duerme un rato. Los rojos parecen estar dispuestos a observar esa obra de arte. Del muslo derecho la esférica pasa al izquierdo y cuando comienza su descenso hacia el césped, justo antes de las dieciocho y la reacción de los contrarios, el nueve azul la empalma con la zurda y la redonda se va surcando los aires, describiendo una curva que la incrusta en el ángulo superior derecho del arco rival.
El canto celestial de veinte mil gargantas se escucha en toda la ciudad. Con ese tanto el anhelado título está más cerca. El nueve azul corre hacia el banco de suplentes y se abraza con sus compañeros. La hinchada alborozada grita su nombre. Algo sin igual, algo que había imaginado pero que jamás pensó que se realizara en una final y menos con una jugada magistral, como sacada de la mente de algún escritor entregado al fútbol.
Luego de celebrar y elevarse hasta los cielos hay que volver a la realidad. El juego no termina y hay que aguantar esa ventaja hasta que el árbitro considere que el partido finalice. Parece lejano ese momento pero los gritos de “¡Campeón, campeón!” lo hacen sentir más cercano. Un semestre de lucha va llegando a su fin. De repente, el juez toma el balón con sus manos y lo levanta. Un nuevo campeón hay en el fútbol colombiano.
Los azules se abrazan y las lágrimas de felicidad se mezclan con las sonrisas. Los hinchas comienzan a invadir la cancha de El Campín, quieren estar cerca de sus ídolos, tocarlos, abrazarlos, agradecerles por llevar a buen término ese sueño.
La vuelta olímpica comienza con un eufórico hincha ondeando una bandera azul. El grito de “¡Campeón!” llena todo el estadio. Los jugadores de Millonarios son llevados en hombros y allí, perdido en la multitud, está el nueve, el héroe, ese que en un momento rompió todos los esquemas y dejó que la imaginación convirtiera ese partido de fútbol en lo que siempre ha sido, un juego. Mientras recorre la pista atlética por su cabeza pasan las imágenes de esa jugada, de aquel golazo solitario que llevó a su cuadro al título y que lo inscribirá para siempre en la historia azul.
El grito de gol continúa retumbando en su cabeza. Entonces se despierta y se da cuenta de que está en su cama doble, envuelto en una inmensa soledad luego de que su amor lo dejara porque no pudo luchar contra ese otro gran amor, el fútbol.

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